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Nuestra historia
Me llamo Lina Morel, tengo 28 años y, en enero de 2025, me convertí en madre por primera vez.
Vivía a cien por hora: trabajo, gimnasio, vida social, mi Instagram de recetas… Intentaba llegar a todo, pero preparar algo sano para comer se había vuelto un auténtico reto.
Todavía me recuerdo una mañana de febrero de 2025, en mi pequeña cocina soleada: solo quería hacerme un smoothie de mango y plátano antes de llevar a mi hija a la guardería. Pero entre sacar la batidora, enchufarla, limpiarla, quitar las cuchillas… me rendí. Terminé comiendo un yogur cualquiera y una barrita energética.
"¿Por qué algo tan sencillo como hacerse un batido tiene que ser tan complicado?"




La idea cobra vida (Marzo de 2025)
Unas semanas más tarde, se lo conté a mi madre, Sophie (54 años), una mujer súper activa que siempre cuida su salud. Me dijo: "Sabes, a mí también me encantaría tomar más smoothies, pero me da pereza sacar la batidora grande... y odio fregar los platos".
Después, mi hermano Mathis (26 años), un deportista enganchado a sus batidos de proteínas después de entrenar, añadió: "Si encuentras una batidora que pueda llevarme en la mochila del gimnasio, te compro una".
Y entonces… ¡se me ocurrió una idea!




El proyecto se pone serio
Durante 8 meses, probé decenas de prototipos, materiales, motores y cuchillas. Quería algo que fuera:
- Realmente potente
- Ligero y portátil
- Bonito
- Sencillo
- Duradero
Mi madre probaba cada prototipo por las mañanas como parte de su rutina. Mathis la usaba en el gimnasio, en el coche, en el trabajo. Y yo... yo la usaba en todas partes, incluso en el parque con mi hija.
Poco a poco, dimos con EL modelo.